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Toma de Decisión y pensamiento estrategico

A diario tomamos decisiones simples, rutinarias, estratégicas, operativas y otras más complejas, que involucran una serie de elementos, y no existe una fórmula que se pueda utilizar ante las distintas situaciones que se presentan.

Un ejercicio sencillo es considerar que alguien en algún lugar ya resolvió un problema similar, por lo tanto si aplicamos la lógica, la intuición y una pizca de creatividad podremos encontrar esa solución y adaptarla al problema particular que intentamos resolver.

En líneas generales, tomar una decisión implica lidiar con la incertidumbre que produce lo desconocido, la complejidad de los factores que hay que tener en cuenta, las consecuencias, es decir, el impacto de esa decisión, las alternativas posibles y las reacciones que puede tener la gente involucrada.

Por lo tanto, vale la pena utilizar un proceso lógico y ordenado que mejore la calidad de las decisiones y logre resultados positivos de manera consistente.

Siempre será un desafío tomar decisiones. En ocasiones, se toman decisiones sin prever el comportamiento de otros “jugadores”, lo que promueve a tomar decisiones inadecuadas. Nuestro entorno presenta diferentes escenarios, los cuales son afectados por las decisiones nuestras y las de otros.

Factores que influyen en la toma de decisión
  • Efectos futuros: Tiene que ver con la medida en que los compromisos relacionados con la decisión afectaran el futuro. Una decisión que tiene una influencia a largo plazo, puede ser considerada una decisión importante, mientras que una decisión con efectos a corto plazo puede ser tomada a un nivel muy inferior.
  • Reversibilidad: Se refiere a la velocidad con que una decisión puede revertirse y la dificultad que implica hacer este cambio.
  • Impacto: Esta característica se refiere a la medida en que otras áreas o actividades se ven afectadas.
  • Periodicidad: Este elemento responde a la pregunta de si una decisión se toma frecuente o excepcionalmente.
  • Estructura: Este determina si la decisión está programada, generalmente las decisiones programadas están definidas y requieren poco análisis, son de corto plazo, muy reversible y su complejidad es menor, mientras que las decisiones no programadas son aleatorias, requieren de mayor análisis y son de largo plazo, irreversibles y más complejas.
La teoría de los juegos

La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para  ayudar a analizar y tomar decisiones frente a problemas de resolución de conflictos.

Para la Teoría de los juegos: Un juego puede definirse como “todo problema de decisión donde hay más de un agente decisor y las decisiones de un jugador tienen efectos sobre el otro”.

¿En qué consiste la teoría de juegos?

Podemos definir la teoría de juegos como el estudio matemático de las situaciones en que un individuo tiene que tomar una decisión teniendo en cuenta las elecciones que hacen otros. En la actualidad este concepto se utiliza muy frecuentemente para denominar a los modelos teóricos sobre la toma de decisiones racional, permiten visualizar de manera abstracta las posibles decisiones de manera inteligente por varios jugadores alrededor de un conflicto. Tales decisiones son consideradas estrategias.

En teoría de juegos no tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer, tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer teniendo en cuenta lo que pensamos que harán los demás, ellos actuarán pensando según crean que van a ser nuestras actuaciones.

Muchos teóricos piensan que las aportaciones de la teoría de juegos han refutado el principio básico del liberalismo económico de Adam Smith, es decir, que la búsqueda del beneficio individual conduce al colectivo: según la teoría de juegos, podría ser precisamente el egoísmo lo que rompe el equilibrio y genera situaciones no óptimas.

El dilema del prisionero

Es el ejemplo más típico de teoría de juegos.

Supongamos que detienen a dos personas por delitos menores. La policía sabe que han cometido uno peor, pero necesitan pruebas.

El fiscal del caso habla con cada prisionero por separado y les presenta una oferta:

Si confiesa contra el socio, todos los cargos en su contra serán retirados y la confesión será usada como evidencia para condenar al otro. La sentencia que recibirá será de 20 años.

Si no confiesa y su socio lo hace, será condenado a 20 años y su socio quedará libre.

Si ambos confiesan, serán condenados a 5 años de prisión.

Si ninguno confiesa, serán condenados a 1 años de prisión.

En “El dilema del prisionero”, el destino de cada uno depende de las acciones del otro. Individualmente, confesar sería la mejor opción, pero si ambos lo hacen el castigo es peor que si ambos callan.

¿Qué harán?¿Que harias tú?

La decisión más racional sería escoger la traición, puesto que conlleva mayores beneficios. Sin embargo, diversos estudios que se basan en el dilema del prisionero han demostrado que las personas tenemos un cierto sesgo hacia la cooperación en situaciones como ésta.

El dilema de Monty Hall

Monty Hall era el presentador del concurso de televisión estadounidense “Let’s Make a Deal” (“Hagamos un trato”).

La premisa del dilema de Monty Hall plantea que la persona que está concursando en un programa de televisión debe escoger entre tres puertas. Detrás de una de ellas hay un coche, mientras que detrás de las otras dos hay cabras.

Después de que el concursante escoja una de las puertas, el presentador abre una de las dos restantes; aparece una cabra. A continuación pregunta al concursante si desea escoger la otra puerta en lugar de la inicial.

Aunque de forma intuitiva parece que cambiar de puerta no aumenta las posibilidades de ganar el coche, lo cierto es que si el concursante mantiene su elección original tendrá ⅓ de probabilidad de obtener el premio y si la cambia la probabilidad será de ⅔.

… A una paradoja matemática

Retrocedamos al comienzo del problema. Inicialmente la probabilidad de que el premio estuviese en una de las puertas era 1/3. El concursante escogió una puerta –digamos la número 1- la probabilidad de que el regalo estuviese ahí y, por lo tanto de ganar, era 1/3. En consecuencia, la probabilidad de no conseguir el regalo era 2/3. Hasta aquí supongo que todos estamos de acuerdo.

Cuando el presentador abre una puerta –la número 2- y muestra que no hay nada, la otra puerta –la número 3- acaba de concentrar en sí misma toda la probabilidad (2/3). En otras palabras el concursante sigue teniendo con la puerta número 1 una probabilidad de 1/3, no ha cambiado, mientras que la puerta número 3 ha incrementado su probabilidad hasta 2/3. En ese punto la teoría del juego matemático respalda la opción de cambiarse de puerta, a pesar de que nuestro cerebro nos diga lo contrario.

En resumen, la probabilidad de ganar el premio si no se cambia de puerta es 1/3, mientras que la probabilidad de ganar en el caso de que opte por cambiarse de puerta es 2/3. ¡Justo el doble! La verdad es que cuesta aceptar la paradoja, porque aunque logremos entender la respuesta correcta nos sigue pareciendo errónea.

Este problema ha servido para ilustrar la reticencia de las personas a modificar sus creencias a pesar de que sean refutadas mediante la lógica.

Cuando uno escoge algo, eso tiene un impacto en otras personas.

La Teoría de los Juegos es tener en cuenta el impacto de mis decisiones en los otros cuando las voy a tomar.

El “juego” es la interacción entre dos o más partes y depende de que la gente actúe racionalmente, consciente de los límites del “juego” y de que la otra parte también conoce las reglas.

Estas interacciones estratégicas forman el punto crucial de la Teoría de los Juegos.

“A veces la usamos conscientemente y otras intuitivamente” Incluso si la gente -y algunos animales- no razonan conscientemente sobre las estrategias que van a usar, otras fuerzas, como la evolución o la experiencia de errores pasados, a menudo la hace comportarse de la misma manera que si fueran jugadores fríamente racionales.

No todo es lo que parece: LA FÁBULA DEL “DESPISTADO” (Según Fontanarrosa)

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el “Despistado” del pueblo. Un pobre hombre de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas. Diariamente, algunos hombres llamaban al “Despistado” al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.

Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: – Lo sé, no soy tan “Despistado”…, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece “Despistado”, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos “Despistados” de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

La cuarta: (pero la conclusión más interesante) Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo

MORALEJA:

«El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser “Despistado” delante de un “Despistado” que aparenta ser inteligente»

Fuentes de consulta

https://medium.com

http://www.eumed.net

https://www.lanacion.com.ar/

 

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